Deja un comentario

Las carencias, la perseverancia y el optimismo del hombre ante la vida

Obra: El viejo y el mar.
Autor: Ernest Hermingway
Escrito en 1951. Publicado en 1952.
Las carencias, la perseverancia y el optimismo del hombre ante la vida 


El autor muestra la lucha, la constancia, la persistencia ante la soledad, la vejez y la muerte para afrontar dificultades de la vida, a través de Santiago nos enseña que de repente no somos los indicados para pelear en un mundo tan hostil. El mar, su mundo, visto por este anciano como la mar “mujer, que se quiere” que es dulce y hermoso o por el resto como género masculino el mar “contendiente, enemigo” que muchas veces es cruel, con muchos peligros pero con fe en Dios, en sí mismo, la voluntad, la esperanza y empeño de superación personal para el logro de objetivos teniendo la capacidad de enfrentar múltiples problemas con perspicacia, astucia y dignidad.

Aunque deja una reflexión muy importante, no es nada lo que nos enfrentamos, a lo que nos derrota, por ejemplo la lucha con el pez, relaciones, compañeros de trabajo, etc. Por tanto, la derrota viene al alejarnos demasiado de lo que en verdad es importante, preferimos morir peleando por orgullo, por ego, por honor, negativa a darse por vencido a pesar de todo, sella una distancia por una idea, un sueño a futuro que te puede hacer daño donde no hay ganadores y ni perdedores ante la vida solo que con el tiempo te darás cuenta y termina recapacitando que: “Nos hemos arruinado los dos”, ya que en la existencia tenemos muchas carencias, no contamos ni con las fuerzas, ni las armas, ni la compañía para enfrentar las dificultades y adversidades que se nos vienen y que terminan devorando esa idea, ese sueño futuro.

Sin embargo, invita a no desmayar para conseguir las metas planteadas con perseverancia, dar un paso a la vez, no descuidar las otras áreas de tu vida ya que las victorias son más privadas que públicas, porque mañana es otro día, hay que continuar, avanzar con optimismo solo o acompañado.

En la narrativa de la obra, nos muestra a Santiago, un viejo pescador cubano que le gustaba leer sobre beisbol de grandes ligas, que tiene mala suerte y hacía ya ochenta y cuatro días que no podía atrapar un pez. Le acompaña Manolin un muchacho que desea aprender a pescar, que le tenía gran estima y que sus padres le prohibieron continuar pescando con Santiago por su mala suerte mandándolo a otro bote.

Con el objetivo de terminar con su mala suerte, un día toma la decisión ir más lejos de lo acostumbrado, tenía los cebos para la carnada que le había buscado Manolin. Zarpó a la mar y al cabo de algunas horas un pez picó el anzuelo, pensó y sabía que era enorme, así que este dejó que remolcara la barca a mar adentro. Para iniciar una pelea donde cada uno optó por su estrategia. El viejo trato de cuidar su fuerza para la batalla donde su experiencia y experticia sería decisiva hasta darle muerte al imponente pez espada. Cansado por la disputa inició el regreso al puerto con el infortunio que el pez no cabe en la barca y la sangre derramada por este atrae a los tiburones. El viejo debe entonces reanudar una lucha inútilmente contra la adversidad sin fuerzas, ni armas para combatir a varios de estos para tratar salvar parte de la carne blanca de excelente calidad del pez llegando a puerto con solo el esqueleto del gigantesco pez espada.

Los valores encontrados en la obra son la solidaridad del muchacho hacia el viejo, que es unos de los valores predominantes en la misma, así como el respeto, la amistad. También, la constancia, la perseverancia, la fe en Dios y en sí mismo, la tenacidad, la esperanza, la dignidad y el empeño de superación personal de Santiago. Por otra parte, en relación con nuestra vida cotidiana, el plantear y perseguir metas, lo que le acontece al ser humano, sus dificultades y adversidades al que está expuesto en lo laboral, familiar, en el contexto que se desenvuelve cada persona y que son afrontadas con esfuerzo, sobriedad, prudencia, paciencia, tenacidad y perseverancia, ante las oportunidades que se presentan para el logro de los objetivos.

Los criterios que se analizaron el texto, lo encontramos en la actitud, la manera como se comporta Santiago para llevar a cabo una labor (conocer) condición psicológica, sus capacidades y posibilidades en ámbito que se desenvuelve, además, lo afectivo (sentir) el agrado o desagrado para enseñar al muchacho, estar o participar con otros. Así como, el comportamiento (hacer) para aceptar la derrota, reconocer la ayuda y sugerencias de los demás (Manolin) para continuar y trabajar en equipo, porque solo no se llega a ningún lado.

Para finalizar, las personas no están hechas para la derrota, el autor, señala que “se puede ser destruido, pero no derrotado”, porque siempre tendremos la oportunidad de levantar el rostro y seguir, aunque tenemos tantas carencias en nuestra existencia desde las físicas, psicológicas hasta la falta de afecto, de tolerancia, de amor, entre otras, que sucumbimos antes cualquier circunstancia, sin embargo, perseveramos y con optimismo enfrentamos las adversidades ante la vida, se sigue el rumbo y se da el pecho a las cosas cuando vengan, porque “sería idiota no abrigar esperanzas” para continuar.

Carlos Luis Gómez Valderrama

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: